El banco expropiado y los cachorros del sistema

Como se mueve el sistema y sus cloacas es algo que cada vez más gente tiene claro pero ¿realmente sabemos hasta qué punto?

Todo sucedió el pasado día 24 de Mayo cuando se procedió al desalojo del ‘Banc Expropiat’, la oficina bancaria que permanecía okupada desde 2011 en el barrio de Gràcia de Barcelona. Un desalojo que acabo en el vandalismo urbano más salvaje y que recuerda a la kale  borroka que siembra el terror callejero en el país vasco.

Desgraciadamente no era la primera vez que Barcelona vivía una situación así, hace dos años ya se sucedieron graves incidentes que incendiaron Barcelona durante cinco largas noches consecutivas. Así el pasado 23 de mayo centenares de personas protagonizaron una reedición de unos disturbios que, según clamaron los manifestantes, aspiran a superar.

El local que en su día perteneció a la “Caixa de Tarragona” y que tras su cierre quedo vacío lleva siendo cuestión de debate entre los ocupas y el ayuntamiento, como si hubiera algo que debatir, desde hace mucho tiempo.

En España la propiedad de una entidad es sagrada y okuparla un delito que puede en algunos casos ser considerado grave como podría ser el “allanamiento de morada”. Creo que la okupación no es nunca justa. Quedarse por la cara lo que otros han pagado recibe el nombre de hurto o robo. Pero creo que hay una gran diferencia entre “okupar” una casa porque no tienes donde vivir, cosa que últimamente sucede cada vez más, sobre todo en familias con niños, que ya tienen suficiente con vivir una situación así y otra muy distinta ser un cara dura que ocupa un edificio por el morro porque simplemente les apetece molestar a todos los vecinos y es más cómodo “okupar” que buscarse la vida como hace la mayoría de la población.

Al parecer este colectivo okupa estaba arraigado en el barrio, al frente de una activa labor social -reparto de ropa y comida a los más necesitados, organización de sesiones de cine y clases gratuitas, según algunos medios de comunicación, y se puso en pie de guerra ante el desalojo. La pregunta que hemos de hacernos es, dado que hay asociaciones legales, con lo que cuesta y que luchan por un local subvencionado donde desarrollarse sin conseguirlo, ¿Es licito que unos caraduras okupen un local porque simplemente no les apetece luchar por hacer las cosas bien como la mayoría? Yo personalmente creo que no.

En el año 2011, la sucursal bancaria quedo en desuso y fue okupada. Justo antes de las elecciones municipales del año pasado, el local, de unos 100 metros cuadrados y conocido como el Banco Expropiado, pasó a manos de una inmobiliaria. Para ahorrarse el trago de expulsar a los nuevos inquilinos, evitar altercados y mantener contento al propietario del inmueble, el exalcalde de Barcelona Xavier Trias (CiU), cobarde por omisión y calzonazos mientras juega con el dinero de los demás, asumió su alquiler durante todo el 2015, unos 5.500 euros mensuales. Es decir el exalcalde de Barcelona se dedicó durante todo 2015 a costa de todos los Barceloneses a pagar el alquiler de unos vagos y vándalos más cerca de ser ninis que de ser seres humanos porque sencillamente no le apetecía discutir, ¿o tendríamos que decir que eran los perros de presa a los que contenía porque le interesaba? Esperamos todos que al menos le apeteciera discutir con su casero y su casa no la haya pagado el ayuntamiento.

Ada Colau, tras hacerse con la alcaldía, se prestó a mediar con el colectivo, pero no a renovar el pago el 1 de enero. Los okupas prometieron entonces convertirse en su peor pesadilla. No deja de ser algo curioso que alguien que lucho durante muchos años contra los desahucios y que lleva toda su vida viviendo del cuento, como esos okupas, provoque su desalojo, pero bueno para algo que parece hacer bien la “señora” Ada Colau no lo criticaremos, aunque si podemos criticar que Colau les ofreció a los okupas un inmueble alternativo donde instalarse y que estos rechazaron. El martes 24 de mayo publicaron una entrada en su blog prometiendo que regresarían al Banco.

Lo siguiente fue un rosario de demandas y protestas. El propietario del local reactivó el procedimiento de desalojo.

El lunes 23 los Mossos  d’Esquadra se plantaron en el número 181 de la Travessera de Gràcia a las diez menos veinte de la mañana. El desalojo duro siete largas horas ya que dos de los “okupas”, no muy amoldados de la cabeza, se habían encerrado en una caja fuerte. Finalmente cerraron el edificio y lo tapiaron con una valla metálica.

Alrededor de las nueve de la noche, salió de la plaça de la Revolució una manifestación encabezada por una pancarta en la que podía leerse «El banco expropiado no se toca», como si fuera suyo.

Los disturbios comenzaron  sobre las diez y media cuando  varios grupos de encapuchados, son tan valientes que no se atreven a dar la cara,  prendieron fuego a contenedores, volcaron coches, rompieron cristales y levantaron barricadas. La noche acabó en una auténtica batalla campal. Esta fue la primera noche de las cuatro que estos “revolucionarios lazarillos del sistema” han dado no solo a las autoridades sino a los vecinos, que ya han comenzado a demostrar que los famosos okupas no eran tan queridos como se han empeñado en enseñarnos y que en el barrio no se los quiere.

De hecho existen declaraciones de vecinos como:

« No se puede vivir dentro de la ciudad y estar al margen de la ciudad. No estamos en la época de las cavernas. »

Existiendo una opinión generalizada entre los vecinos que consideran que la actividad cultural que se llevaba a cabo dentro de “Can Vies “era importante para quien la realizaba, del mismo modo que sucede en tantísimas entidades que sí pagan sus inmuebles y no tienen estos privilegios”.

Por otro lado, uno de los vecinos que representa a esa opinión de quienes confían en las instituciones para regular la vida de los ciudadanos es Albert Torras, que desempeña diversas tareas en centros culturales como la Casa México o la Coral La Floresta y desconfía del concepto de autogestión que defienden los okupas:

« […] Todos nos autogestionamos, también los que lo hacemos dentro de la ley, que intentamos conseguir recursos para llevar a cabo nuestra actividad […] […] No veo esa igualdad que profesa la ideología marxista en ese privilegio de querer estar en un edificio sin pagar ni adquirir las licencias como hacen el resto. Tampoco se puede estar contra el sistema y querer que el Estado te solucione la sanidad o la educación de tus hijos. […] […]Me preocuparon aquellas sesiones de ‘kale borroka’ nocturna y batalla campal con la policía, creo que salimos mal parados todos de aquella situación, estuviéramos a favor o en contra de la policía. »

En fin vemos como el ayuntamiento de Barcelona ha estado pagando a sus perros terroristas callejeros para mantenerlos en silencio y poderlos utilizar cuando les interesara. Y cuando han interesado que salgan a la calle ahora, ya  que Ciu, esta fuera del gobierno barcelones y Colau se presta poco a sus manejes entre bambalinas. Esto se ha visto por el hecho de que la alcaldesa les haya ofrecido un local alternativo y lo hayan rechazado, porque esto demuestra que para estos “ninis” lo importante no es la labor social, sino la mano que les da de comer entre las sombras y esta es todo el sector del independentismo que ahora mismo lo que necesitan es la inestabilidad en los pueblos y calles de Cataluña teniendo unas elecciones generales a menos de un mes.

Vemos como los cachorros de la extrema izquierda están guardados en un cajón con forma de edificio y son sacados a la calle para llevar a cabo su terrorismo cuando a ciertos poderes facticos en las sombras les interesa.

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