Genocidio de Hiroshima y Nagasaki

Cuando se habla de genocidio a un amplio porcentaje de la población, aquellos que han decidido creerse la verdad absoluta del marxismo, les viene a la cabeza la Alemania nazi. Son miles los documentales, libros y artículos que a este respecto dan el marxista punto de vista de lo que los nazis dieron en llamar “La solución final a la cuestión judía”. Siendo en muchos países un delito la negación del “holocausto” y plantearse si las cosas son como han trascendido en el tiempo. La Unión Europea promulgo una ley que entró en vigor a finales de 2007 penando el negacionismo del holocausto y en 2010 la base de datos “EHRI” Infraestructura europea para la investigación del Holocausto encargada de reunir y unificar todos los archivos sobre este genocidio.

Sin embargo ese mismo marxismo se ha encargado de hacer que caiga en el olvido uno de esos verdaderos genocidios el de Hiroshima y Nagasaki, del que parece que nadie se acuerda y el el imperialismo ha denostado al olvido.

Hace ya casi setenta años el 25 de abril de 1945 Henry Stimson, secretario de guerra estadounidense, entraba en el despacho de Harry Truman para informarle que en no más de cuatro meses estaría terminada la construcción del arma más devastadora de toda la historia de la humanidad, el proyecto Manhattan estaba a punto de concluirse. En apenas cuarenta y cinco minutos, que duro aquella reunión, condenaron a centenares de miles de seres humanos a la peor de las muertes.

Los días 10 y 11 de mayo se reunió el comité de elección de los objetivos en “Los Álamos” este comité recomendó Kioto, Hiroshima, Yokohama y el arsenal de Kokura como objetivos posibles. Objetivos militares todos ellos que habían escapado a los bombardeos nocturnos que se habían llevado a cabo. Para Estados Unidos Hiroshima era un importante depósito de armas y un puerto de embarque en el centro de un área industrial. Su geografía prácticamente garantizaba una gran destrucción que obligaría a Japón a rendirse. Nadie pensó en la población. Nadie pensó en la gente ni en la muerte y la desolación solo en la victoria a cualquier costa.

El 26 de Julio Truman junto con otros líderes aliados tendieron la red emitiendo la “Declaración de Potsdam” en la que se establecían los términos que les interesaban para la rendición de Japón. El ultimátum fue lanzado adjuntado con la amenaza de ataque a Japón en el caso de que no hubiera rendición japonesa. Según sus propias palabras:

«Resultando la inevitable y completa destrucción de las fuerzas armadas japonesas e inevitablemente la devastación del suelo japonés»

Por supuesto se ahorraron dejar por escrito nada sobre la bomba atómica y como tenían planeado masacrar a miles de personas, un genocidio en toda regla, si Japón no daba su brazo a torcer.

Un par de días más tarde el primer ministro japonés Kantarō Suzuki en una conferencia de prensa rechazaba la rendición asegurando que la “Declaración de Potsdam” era una copia de la declaración del Cairo. Para Estados Unidos la escusa ya estaba servida oficialmente y con aliados a su lado estaba justificado el ataque a Japón y Truman auto justificó que este ataque fuera con la devastadora arma que el proyecto Manhattan había puestos en sus manos.

El 6 de agosto de 1945 a las ocho y cuarto de la mañana un bombardeo B-29 de Estados Unidos, el tristemente famoso “Enola Gay”, lanzaba una bomba atómica “Little Boy” sobre la ciudad japonesa de Hiroshima. En el instante de la explosión un ruido ensordecedor lo ocupo todo. Un resplandor cegador invadió el cielo y una columna de humo entre grisácea y morada llego al cielo. La temperatura llego a los cuatro mil grados centígrados justo antes de que el “hongo atómico”, de casi un kilómetro de altura, apareciera.

Inmediatamente el alto mando japonés envió una misión de reconocimiento. La tripulación de esa misión quedo conmocionada cuando desde el aire solo pudieron ver una enorme cicatriz en la tierra rodeada de fuego y homo en la ubicación donde hacía apenas tres horas se encontraba situada la ciudad de Hiroshima.

Entre 70.000 y 80.000 personas, cerca del 30% de la población de la ciudad murió durante la explosión y otras 70.000 resultaron heridas. Los heridos no pudieron ser atendidos al resultar muertos el 90% de los doctores y personal de enfermería que se encontraban en el centro de la ciudad.

Truman alejado de ver el horror que había provocado y como miles de civiles inocentes perecieron solo tuvo la ocurrencia de anunciar:

«Si no aceptan nuestros términos, pueden esperar una lluvia de ruina desde el aire, algo nunca visto hasta ahora sobre esta tierra»

Comportamiento más propio de un demente genocida, como demostró ser, que del presidente de una de las principales potencias del mundo. Ya en este momento los Estados Unidos demostraban que para ellos las vidas humanas eran daños colaterales asumibles para cumplir sus deseos. Sin embargo nunca pagaron por ello ni el presidente estadounidense ni ninguno de sus asesores ni altos cargos.

Los Estados Unidos esperaban que Japón se rindiera casi inmediatamente tras la bomba de Hiroshima, pero no fue así el alto mando japonés dio por hecho que el gobierno norteamericano solo tenía una bomba atómica y puesto que el daño estaba hecho no tenía ningún sentido rendirse. Sin embargo nada más alejado de la realidad la maquiavélica mente presidencial de Estados Unidos tenía mucho más en su recamara no le importaba el coste de vidas humanas solo la victoria a toda costa y estaba dispuesto a masacrar todas y cada una de las ciudades de Japón si así era necesario.

Así el 9 de agosto el bombardero B-29 “Bock’s Car” despego con rumbo a Kokura con la intención de arrasar la ciudad pero un denso banco de nubes le hicieron desplazarse al objetivo secundario Nagasaki. A las once y dos minutos de la mañana el dantesco y cruel espectáculo que tres días antes sacudió Hiroshima se reprodujo en la ciudad de Nagasaki situada en la isla japonesa de Kyushu. “Fat boy” era una bomba de plutonio, con el doble de energía que su antecesora de uranio “Little Boy” que elimino prácticamente del mapa la ciudad y a sus habitantes.

La muerte atómica sesgo en aquel mismo instante entre 40.000 y 75.000 vidas pero ya a finales de 1945 el número de muertes se elevaba a las 80.000. La crueldad aún se ensaño aún más ya que entre las víctimas de Nagasaki se encontraban un número indeterminado de supervivientes y heridos que se habían trasladado desde Hiroshima. El 40% de la ciudad de Nagasaki quedo totalmente arrasada incluyendo hospitales y etc.

Los testimonios de los supervivientes son sencillamente espeluznantes hablan de cientos o miles de personas deambulando como fantasmas entre cenizas y humo. Personas con el cuero cabelludo en carne viva, ciegos que lo último que pudieron ver en su vida fue el resplandor atómico. Miles de personas que un pudieron ser atendidos por médicos, la mayoría muertos o heridos

Según los testimonios de quienes presenciaron la devastación, los sobrevivientes de la explosión parecían fantasmas que deambulaban entre cenizas y humo. Fantasmas sin pelo, pues se les quemó en la explosión, o fantasmas ciegos, que lo último que vieron fue el resplandor nuclear. Sin médicos ni enfermeras la gente vagaba por las calles o se sentaban frente al lugar donde un día estuvo su casa.

Miles de personas que estuvieron expuestos a la lluvia radioactiva pagando las consecuencias de esta explosión días, meses e incluso años después del “libertario” ataque estadounidense.

Los daños materiales fueron incontables, como ya he dicho las ciudades fueron prácticamente destruidas, pero los daños humanos fueron aún mayores. Hiroshima con más de 350.000 habitantes perdió durante la explosión unas 70.000 y durante los cinco años siguientes perecieron otros 70.000 a causa de la radiación. En Nagasaki con 270.000 habitantes, perecieron más de 70.000 antes de que terminara 1945 y otros miles durante los años siguientes. Se estima que más de 250.000 personas murieron a consecuencia de las explosiones muchas de forma instantánea otras muchas entre terribles sufrimientos años más tarde. Quienes lograron escapar de la explosión murieron días o meses más tarde como consecuencia de los rayos gamma. Varias generaciones de japoneses tuvieron que soportar bebes con malformaciones a consecuencia de las bombas lanzadas sobre Hiroshima y Nagasaki.

Truman justifico el uso de las mortíferas bombas de muchas formas la primera excusa el hecho de que los nazis estaban fabricando una bomba atómica y que la hubieran utilizado si ellos no la hubieran usado antes contra Japón. Otros dicen que la excusa perfecta fue el presunto ataque japonés en Pearl Harbor en 1941. La realidad es que estados unidos quería conseguir a toda costa la victoria sobre Japón constara lo que costara y el número de muertes era algo que estaban dispuestos a obviar y si eran civiles mejor que militares porque así podrían hacer más presión.

Meses más tarde durante los juicios de Nuremberg contra el III Reich quedo clara la postura ya no solo de Estados Unidos sino de todos los países aliados y esa postura era que la vida de un niño judío era mucho más importante que la de un niño japonés. Tal vez por que fue un judío Albert Einstein el que en 1939 informaba a Roosvelt que la fisión del núcleo del átomo de uranio era posible comenzando así el proyecto Manhattan.

Fuera como fuere a nadie parece importarle como Truman y sus secuaces escaparon de algo era evidente y era el ser juzgado por los crímenes de guerra contra Japón cometidos en Hiroshima y Nagasaki.

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