Heterofobia

El día del orgullo gay este año como cada uno de los anteriores convirtió las ciudades de nuestro país en un vertedero donde en nombre de la igualdad se conmemora la desigualdad que el deleznable marxismo cultural ha implantado en nuestra sociedad. Algo sencillamente abominable.

Aquellos que se llenan la boca de pedir igualdad son los que se apartan de ella con su comportamiento y fiestas como esta. Se empeñan en hablar de igualdad mientras se desnudan en mitad de la calle para embadurnarse de aceite y vestirse de plumas, algo que por mucho que les pese no es lo normal y por lo tanto no es igualitario.

No señores simplemente no son iguales por su comportamiento y no me refiero a los homosexuales, que tienen todo el derecho a hacer dentro de su alcoba lo que les venga en gana, sino a esa cosa esperpéntica que sale a la calle, ese y otros muchos días, para reclamar esa igualdad que simplemente no se ganan porque son ellos los que con ese comportamiento se muestran desiguales no solo ante los heterosexuales sino ante el resto de la sociedad.

Este es el camino que nos hacen tomar el de la normalidad de la anormalidad. Esta es la sociedad que han construido la que viste de moda la homosexualidad y la depravación de algunos descerebrados a los que sinceramente habría que encerrar para estudiar su destruido cerebro.

Cuesta mucho creer que los protagonistas de los disturbios de Stonewall de aquel lejano julio del 69 apoyaran el circo en el que se ha convertido su protesta. Circo en el que cambiamos orgullo por pluma y lucha por depravación.

Pero lo peor de todo esto no es esa forma de exhibir su desvergüenza sino como esta se ha apoderado de la sociedad y como este comportamiento es apoyado por la gente de toda clase desde políticos hasta relevantes presentadores de televisión que han llevado a tal extremo su maquiavélico plan que han conseguido que en la sociedad se cree una fobia hacia la heterosexualidad y quien se promulga a favor de esta.

Corrientes que han instaurado la “moda” de la homosexualidad en todo el mundo y donde en nombre de la igualdad se termina discriminando al heterosexual mientras el homosexual de pluma viva campa a sus anchas extendiendo su obscena forma de comportarse. Lo más vergonzoso es que muchos gays, homosexuales que saben disfrutar de su condición en su alcoba sin pregonarlo a los cuatro vientos, no se sienten para nada reconocidos con esa fatalista imagen y serian ellos mismos los que crucificarían a semejantes majaderos con el mayor de los gustos.

Es el marxismo cultural en estado puro y los políticos neoliberales que en las sombras lo protegen los que hacen posible todo esto con leyes como el “matrimonio homosexual” mientras se olvidan del origen del matrimonio y como cobra sentido con la unión de un hombre y una mujer. Políticos que apoyan la adopción de hijos por parte de esos “matrimonios” para que años más tarde un niño salga destrozado y sin rumbo ni orientación sexual tras el divorcio de sus “dos mamas” o sus “dos papas”.

He aquí la realidad la fobia al heterosexual mientras el homosexual campa a sus anchas y modifica la sociedad a su antojo. Se valida así la depravación, la falta total de moral y la promiscuidad y se elimina de la sociedad los sólidos principios morales, la familia tradicional y la correcta educación cívica, moral, sexual e intelectual de las nuevas generaciones que ya crecen pensando que el orden natural de las cosas es acostarse con quien te apetezca y si es de tu mismo sexo mejor.

Pero no siempre fue así, no siempre los sectores izquierdistas ni tan siquiera los más radicales, que ahora salen en los medios como abanderados del movimiento homosexual. El régimen de Stalin que acabo con cientos de miles de revolucionarios marxistas tuvo como final el triunfo de los valores burgueses provocando la ilegalización del aborto y una represión brutal al homosexual. La Alemania de Adolf Hitler se posiciono en ese mismo lado destruyendo el creciente movimiento gay y apenas un par de décadas más tarde, en Estados Unidos, el presidente MacArthur protagonizo su especial persecución convirtiendo a comunistas y homosexuales en poco más que en parias. En este momento parecía prácticamente imposible que el movimiento gay tuviera algún tipo de apoyo o futuro pero en 1969 con las revueltas de Stonewall cuando algo cambio ya no solo en los sectores izquierdistas sino que también, y gracias a la manipulación de la que el marxismo sabe tanto, en la sociedad afincando la homosexualidad como cuna modernista y la heterosexualidad como símbolo represivo.

Stonewall forjo el redescubrimiento sexual de la izquierda apoyándose en el apoyo que algunos estados socialdemócratas alemanes toleraron la homosexualidad con figuras como Ferdinand Lasalle y Eduard Berstein. Sin embargo la relación de la homosexualidad con la pederastia todavía frenaba a la sociedad a encaminarse hacia la perdición moral de la heterofobia desgraciadamente el freno terminó dislocado.

Fueron los mismos sectores izquierdistas los que protagonizaron las discusiones más agrias discusiones no solo sobre la homosexualidad sino sobre el sexo en general. Sin embargo Stonewall ya había provocado el punto de inflexión que algunos sectores querían donde el desprecio de los prejuicios lo podía todo y donde de nuevo el marxismo uso su herramienta más fiable convertir al homosexual en una “minoría oprimida” que pronto tuvo tantos defensores como no le hacían falta. Así los sectores izquierdistas se vieron dirigiendo a esa “minoría oprimida” al socialismo libre de “complejos sexuales” comenzaba el circo de la homosexualidad y el castigo social de la heterosexualidad, allí comenzó la heterofobia.

Hoy en día y mientras el neoliberalismo campa a sus anchas vemos como el marxismo cultural ha ganado la partida y ya no solo los sectores izquierdistas apoyan la homosexualidad sino también el sector burgués. El conservadurismo ha desembocado en el homosalvajismo que da derecho, en nombre de su homosexualidad, a salir a la calle prácticamente desnudo mientras se restriegan lascivamente como si fueran perros en celo y todo esto en nombre del “orgullo gay” viendo esto yo no quiero saber cómo sería el día del “orgullo heterosexual”, porque la dantesca imagen que viene a mi cabeza me asusta. Pero tranquilos que no hay peligro ser heterosexual no es un orgullo es, según ellos, la mayor de las vergüenza. Me pregunto si esos gays tan gays y esas lesbianas tan lesbianas pensaran procrear por arte de birlibirloque aunque de momento ya tienen a nuestros políticos que tragando un poco más les permiten adoptar a los niños, evidentemente, engendrados por heterosexuales, por si se habían pensado otra cosa.

Perdidos en una sociedad donde en nombre de la igualdad se rompe con todo lo que sea necesario mientras a nadie parece importarle. Es la igualdad desigual mientras contemplamos noticias como: Comisión del Parlamento Europeo sobre los Derechos de la Mujer e Igualdad de Género se plantea la supresión, en las escuelas, de los libros que retratan a familias tradicionales con escenas tales como una madre cuidando a sus hijos o un padre que sale de trabajar, esta nueva aberración con la brillante excusa de que este tipo de estereotipos influye en la percepción del comportamiento de los niños. Al parecer ver una familia con sus miembros y con unos roles morales que han impulsado hasta ahora a la sociedad es un peligro para la educación de los niños europeos pero crecer en una familia homosexual, con la descompensación de valores que esto conlleva y la desorientación sexual que le supone al niño, no le supone ningún problema al niño. ¿Esto es lo que llaman igualdad? Igualdad es que como padres podamos elegir cuales son los estereotipos que queremos que nuestros hijos crezcan y asimilen.

No podemos olvidar que cualquier niño a de crecer con los dos espejos el del padre y el de la madre ha de tener las dos figuras que le proporcionaran el equilibrio por mucho que nos lo quieran meter con cucharon crecer con “dos paspas” o “dos mamas”, sobre todo en determinadas edades, puede ocasionar al niño unos conflictos internos brutales pero esto no parece importarle a nadie. De nuevo el marxismo intentando ganar esa partida de las “minorías discriminadas” imponiendo para ello sus ridículas soluciones que provocan aún más discriminación y de nuevo nos conduce de nuevo a esa heterofobia que cada vez aliena más a las futuras generaciones.

Pero lo mejor se deja para el final y es esa “Suecia” que se plantea la prohibición de orinar de pie a los hombres. Estos heterofobas se plantean la discriminatoria medida, tras la implantación de un baño neutro en un colegio de Estocolmo, de prohibir que los hombres orinen de pie. Creado para los estudiantes que, según el director del colegio, no se sientan identificados como hombres o mujeres es decir un baño neutro en un colegio para gays, bisexuales, transexuales. Pero este colegio no fue el primero apenas un año antes otra guardería sueca borro todo lo que diferenciaba a los chicos y a las chicas, para evitar según ellos cualquier símbolo de discriminación. La polémica ley que puede llegar a obligar a los hombres a orinar sentados ya salió al candelero cuando la guardería elimino los símbolos de género y ahora sale de nuevo al primer plano. Veremos si la izquierda sueca termina consiguiendo con su heterofobia desbordada que los hombres tengan que orinar como a ellos les viene en gana algo totalmente discriminatorio y que de nuevo favorece a esa no tan clara ‘minoría oprimida’.

Finalmente nos damos cuenta que esa ‘minoría’ no son ellos sino los heterosexuales con principios morales y cívicos sostenibles que ahora al parecer somos los culpables de una opresión sexual que a tenor de su comportamiento se la han ganado a pulso. Si señores vivimos una heterofobia que de no ponerla remedio no conducirá a nada bueno porque tal vez Stonewall se vuelva a repetir, en cualquier lugar de Europa, y esta vez sean los heterosexuales los que tengan que pedir la igualdad que en nombre de la dignidad les han quitado.

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